O, desde la bañera.

Se dice que Arquímedes formuló su famoso principio desde la bañera, cuando al zambullirse notó que el agua que se desbordaba era igual al volumen del cuerpo que ingresaba. La leyenda cuenta que Arquímedes salió corriendo y gritando “¡Eureka!”, como la gallinita del conjunto musical “Los honguitos”[1]. Más allá de cómo habrán sido las bañeras en el siglo III a.C., se hizo famoso el relato que unifica a Arquímedes, la bañera y Eureka.

Es que el baño ocupa un lugar muy importante en nuestras vidas, tal como señalan Les Luthiers, que le dedican una obra: “Loas al cuarto de baño”[2]. Del mobiliario del baño, la bañera o la ducha también ocupa un espacio de reflexión. Si tenemos suerte, se nos presenta como una suspensión de lo cotidiano, aunque luego tengamos que salir corriendo a otro trabajo o donde sea.

Puede que sea la relajación que implica el bañarse, o el hecho de quedarnos solos con nuestros pensamientos, o la ausencia de la mirada de los otros que nos cohíben, pero en la ducha se despierta tanto nuestra vocación de cantante como la posibilidad de dejar volar nuestros pensamientos. Esto no es propiamente filosofía o filosofar, pero puede ser un punto de partida. El filosofar es lo que hacemos después; si no, es mera anécdota. No es la bañera, ni la manzana, ni la mosca; sino formular el principio de Arquímedes, o la ley de gravedad, o los ejes cartesianos; si es que realmente sucedieron así. Puede ser un punto de partida, por eso se dice que la filosofía nace del conocimiento vulgar. Vulgar porque es cotidiano.

Los diálogos de Platón son una interrupción en el fluir cotidiano para elevarse hacia la filosofía. Casi todos sus diálogos se inician con una interrupción, una caminata, un encuentro fortuito, que lleva a una charla con el filósofo. El diálogo normalmente se interrumpe nuevamente por la cotidianeidad. Pero ya nada quedará igual. Alcibíades, en el Banquete, expresa su huída muchas veces del lado de Sócrates como quien huye de las sirenas para no ser atrapado por la música de sus palabras[3] y su dolor más fuerte que la mordedura de una serpiente, ya que se dirige a su corazón y su alma con los discursos filosóficos[4].

Los filósofos, cuando publican sus libros y artículos, lo hacen después de un largo proceso de maduración. Se escribe y reescribe cada parte. Se analiza y revisa. Se ofrece a colegas para su revisión. Se organiza la exposición desde la manera más clara para quien la sigue. Se suprimen repeticiones y se agregan aclaraciones. Tal vez, nació desde un instante de reflexión en la bañera, pero se lo ingresó al camino de la investigación. Dice Platón, que el saber no fluye entre las personas como el agua desde una copa llena a una vacía[5], sino que “después de haber intimado con él [con el problema], de repente, como la luz que salta de la chispa, surge la verdad en el alma y crece ya espontáneamente”[6].

Sin embargo, en este proceso muchas de las ideas quedan sin madurar. Otras más interesantes van ocupando su lugar, y esas se van olvidando y quedando de lado. Se nos ocurren grandiosos “ocurros”[7], pero que la cotidianeidad nos hacen dejar de lado. Y luego ya no los recordamos, u otros nuevas ideas y reflexiones, preocupaciones, las van desplazando.

En este espacio, bajo la categoría de “Eureka” de este blog, voy a agregar aquellas ocurrencias, reflexiones, ocurros, que no llegan a convertirse en un artículo filosófico, pero tampoco es una mera ocurrencia de ducha. Está a mitad de camino, como el Eros socrático-platónico (ya agregaremos algo sobre la noción de Eros como demonio intermedio entre los hombres y los dioses presente en El Banquete de Platón). Tal vez a alguno le sirva para aclarar dudas, o como nuevo material para pensar, ya sea en la ducha, en el colectivo, en casa… Queda de este modo separado de los artículos pensados como material de estudio más clásico.

[1] Les Luthiers, La Gallina dijo Eureka, en “Hacen muchas gracias de nada”, fecha de estreno 24 de octubre de 1980

[2] Les Luthiers, Loas al cuarto de baño, Obra sanitaria, fecha de estreno 1 de enero de 1999.

[3] Cfr. Platón, Banquete, Madrid, Gredos, 2007, 216 b.

[4] Cfr. Platón, Banquete, Madrid, Gredos, 2007, 218 a.

[5] Cfr. Platón, Banquete, Madrid, Gredos, 2007, 175 d-e.

[6] PLATÓN, Carta VII, Madrid, Gredos, 2007, 341d.-

[7] Veáse Les Luthiers, Himnovaciones: “Hay que buscar un suceso que haya sucedido. O un acontecimiento que haya acontecido. O un ocurro, que haya ocurrido”.

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